El dieciocho de julio de 1936, un grupo de generales encabezados por Mola y Franco intentó dar un golpe de Estado contra el gobierno republicano. El golpe triunfó en algunas zonas (Galicia, Castilla y León, Navarra, gran parte de Andalucía occidental) y fracasó en otras (Madrid, Barcelona, Bilbao, Valencia). Lo que iba a ser una operación de horas se convirtió en una guerra de casi tres años.
La guerra atrajo a las grandes potencias del momento. Alemania e Italia mandaron tropas, aviones y armas al bando sublevado; la Unión Soviética y las Brigadas Internacionales — voluntarios de más de cincuenta países, incluidos miles de británicos, estadounidenses y franceses — apoyaron a la República. La no-intervención oficial de Francia y el Reino Unido fue, en la práctica, una decisión que asfixió al bando republicano.
El uno de abril de 1939, Franco emitió el último parte de guerra: "En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado". Lo que no había terminado eran las décadas de represión: ejecuciones, fosas comunes, exilios, depuraciones. La memoria de quién hizo qué a quién sigue siendo el conflicto político de fondo de la España democrática.