El catorce de abril de 1931, tras unas elecciones municipales que las candidaturas republicanas ganaron en la mayoría de las grandes ciudades, el rey Alfonso XIII abandonó el país sin abdicar. La Segunda República se proclamó esa misma tarde, sin una sola bala disparada. Era la segunda vez que España intentaba la democracia republicana — la primera, brevísima, había durado de 1873 a 1874.
La Constitución de 1931 fue una de las más avanzadas de su tiempo: voto femenino (España fue de los primeros países europeos en concederlo), divorcio, separación Iglesia-Estado, educación pública gratuita, autonomía catalana. La izquierda republicana intentó modernizar el país en cinco años. La derecha católica y latifundista lo vivió como una agresión. La polarización fue creciendo elección tras elección.
En febrero de 1936, el Frente Popular ganó las elecciones por un margen estrecho. La derecha movilizó al ejército. El dieciocho de julio, un grupo de generales se sublevó. El golpe fracasó en las principales ciudades pero triunfó en parte del país. Lo que iba a ser un golpe de Estado se convirtió en tres años de guerra civil, y la República — la única democracia republicana que España ha tenido — fue derrotada militarmente.