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B1.7·6 min read·626 words·Lucía (ficción)

Vuelta a Madrid

Back to Madrid

El AVE de las siete y veintiocho llegó a Atocha con cuatro minutos de retraso, lo cual, para mí, ya es un mal presagio. Tres años fuera de Madrid y vuelvo el día más caluroso de junio, con maleta de mano y resaca contenida del cumpleaños de mi compañera de piso en Barcelona la noche anterior. Mi madre me había escrito a las seis: "si llegas pronto, baja al mercado conmigo, hay que comprar el jamón".

Así que ahí estaba yo, a las doce y catorce minutos, en el Mercado de San Miguel, intentando recordar a qué puesto iba mi madre cuando yo todavía vivía en Madrid. Olía a turismo y a aceite caliente. Llevaba gafas de sol dentro, porque sí.

Lo vi antes de que él me viera. Estaba en el puesto de quesos, esperando a que le pesaran algo, con una camiseta gris y el pelo más corto. Si me hubiera dado tiempo a pensarlo, probablemente me habría dado la vuelta. Pero no me dio tiempo. Levantó la vista y nos cruzamos la mirada y los dos hicimos esa media sonrisa estúpida que se hace cuando reconoces a alguien con quien no esperabas reconocerte.

—¡Oye! No me lo puedo creer. ¿Cuánto tiempo, no? —dije.

No, espera. Esa fui yo intentando ser él. Lo dijo él, y dijo "oye" porque a él siempre le ha gustado empezar las frases con interjecciones. Yo respondí algo, no me acuerdo exactamente qué, porque entre el calor y la sorpresa y los tres años de ausencia mi cerebro funcionaba como funciona un ordenador al que le acabas de pedir abrir cincuenta pestañas a la vez.

Acabamos tomando un café en la Plaza Mayor. Por accidente, casi. Él propuso y yo no encontré el modo de decir que no sin que sonara dramático, así que dije que sí. Era un café que necesitaba que pasara y que llevaba tres años posponiendo sin saberlo.

Le pedí perdón. No por la ruptura — eso fue de los dos — sino por la llamada que nunca le devolví. La que él dejó tres meses después, cuando ya no quedaba nada que arreglar pero sí, supongo, algo que cerrar. La verdad es que durante tres años he construido pequeñas justificaciones para no devolvérsela: que estaba mejor sola, que llamarle sería abrir algo que prefería tener cerrado, que él tampoco había insistido. Todas ellas eran ciertas. Ninguna era la razón principal. La razón principal era que me daba vergüenza haber sido yo la que se fue, y la vergüenza me hacía evitarlo.

Cuando se lo dije, él se quedó mirando su café un momento antes de contestar. Luego dijo algo que me llevo de esa tarde: "no hace falta volver a vernos para que esté agradecida de habernos cruzado hoy". No estoy segura de que él se diera cuenta de lo bien que lo dijo. Pero a mí me sirvió de cierre, ese cierre que llevaba tres años buscando y que pensaba que iba a tener que escribir yo sola.

Volví a casa de mi madre a las tres y media. Ella ya tenía puesta la mesa para cinco — mi padre, mi hermana, su pareja, ella, yo. Cuando me vio entrar me preguntó cómo iba el día. Le dije que bien. Le dije que había bajado al mercado y que el jamón estaba comprado. No le dije lo del café porque, sinceramente, no sabía cómo se cuenta algo que duró cuarenta minutos y que cambia cómo recuerdas tres años enteros.

Lo único que dije, antes de sentarme a comer, fue: "Madrid huele igual". Y mi madre, que sabe leer cosas que yo nunca le he dicho explícitamente, me miró un segundo más de lo necesario y respondió, sin teatralidad: "sí, hija. Madrid huele igual".

The end

Recurring characters: Lucía

Another piece

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