domingo, 28 de junio
Mi madre por WhatsApp (otra vez)
Sara · junior en una startup · 28 años · piso compartido en Lavapiés
Mi madre me ha escrito esta mañana siete mensajes seguidos antes de las nueve y media. Los voy a transcribir en orden, porque así, en orden, dicen mucho más que cada uno por separado.
Uno: "hija, buenos días". Dos: "¿has dormido bien?". Tres: "oye, lo del piso de tu prima, ¿al final se lo van a quedar?". Cuatro: "acuérdate de que el sábado es el cumple de tu padre". Cinco: "¿vas a venir o no?". Seis: "no me has contestado lo del piso". Siete: "sé que estás durmiendo, perdona".
Yo todavía estaba con el café delante cuando los leí todos seguidos. Me dio risa y ternura a partes iguales. Mi madre, a los sesenta y siete años, no ha entendido todavía cómo funciona el ritmo de los mensajes. Cada pregunta merece, en su cabeza, una respuesta inmediata. Si la respuesta no llega, la pregunta se duplica. Y luego se disculpa por preguntar.
Le contesté con un solo mensaje largo. Buenos días, dormí bien, no sé lo del piso de la prima, sí voy al cumple de papá. Y un emoji de corazón. Su respuesta llegó en cuatro segundos: "gracias hija, sabía que estabas viva pero te pregunto igual". Y aquí me he dado cuenta de algo nuevo: lo que mi madre necesita por la mañana no es saber lo del piso. Es saber que estoy viva. Las preguntas son la excusa. La respuesta es lo único que importa.