lunes, 15 de junio
El email del cliente
Inés · traductora freelance · 42 años · vive sola en un tercero de Chamberí
Esta mañana, al abrir el correo, había un email de un cliente nuevo. Una agencia de Berlín que ha leído un trabajo mío de hace tres años y quiere que les traduzca un libro entero del alemán al español. Doscientas mil palabras. Un año de trabajo, mínimo. Una tarifa decente. La oportunidad más sólida que se me ha presentado en mucho tiempo.
He pasado todo el día con miedo. No miedo a no poder hacerlo — sé que puedo. Miedo a meterme en un proyecto de un año que defina todo mi siguiente año. Hace ocho años, cuando dejé la agencia y empecé por mi cuenta, juré que no volvería a depender de un solo cliente. Y aquí estoy, considerando aceptar algo que durante doce meses sería todo mi trabajo.
He bajado a tomar un café a las cinco y, hablando con Marisa la del bar — que llevo cuatro años saludando sin saber qué piensa de mí — le he soltado el dilema en treinta segundos. Ella me ha dicho: "hija, a tu edad, doce meses se pasan rápido. Y un buen libro, no". Y se ha ido a atender a otro cliente. He vuelto a casa y he contestado al alemán que sí. Hoy he entendido por qué la gente paga por terapeutas: porque a veces necesitas que alguien te diga la verdad en treinta segundos sin saber tu nombre.